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EL CARDENAL NEWMAN, UNA CONVERSIÓN CON SENTIDO ECLESIOLÓGICO



Nosotros realmente no queremos una religión

que tenga razón cuando nosotros tenemos razón. Lo que nosotros queremos es una religión que tenga razón cuando nosotros estamos equivocados...

Chesterton. La Iglesia católica y la conversión.


  1. Biografía teológica antes de la conversión.


John Henry Newman (Londres, 1801 - Birmingham, 1890) fue un personaje que no se movió en el mundo de la meras ideas su método teológico implico su existencia. Su longevidad no pasó en vano; su existencia fue en pos de la búsqueda de la verdad, más allá de todas las opiniones filosóficas del momento. Él pudo leer, reflexionar, dilucidar, discernir y orar las diferentes vertientes del pensamiento teológico para el XIX. Asumiéndolas y concretizándolas en decisiones. Es tan notable la vida del Cardenal Newman que como lo afirma Pedro Langa (2010, 74): “a los newmanistas y newmanólogos se les hace normal ya, casi obligado, unir el personaje a la magna obra eclesial del siglo XX (el Concilio Vaticano II)”.


Antes de exponer algunas líneas de su pensamiento eclesial, es preciso rastrear algunos elementos teológicos relevantes en su vida aportados por Geofrey Rowell (2010, 33-39). La madre de Newman venía de un ambiente hugonote francés, de donde él recibió una “sencilla religión bíblica”. Su adolescencia fue marcada por la lectura de Hume y Voltaire, allí describe: “Recibí en mi mente impresiones de dogma, que por la gracia de Dios, nunca han sido borradas”. Posteriormente, ya como aspirante a la vida presbiteral en el anglicanismo, el joven Newman es influenciado por Tomás Scott. Impulsándolo a articular un llamado a la “santidad antes que la paz”, y a constatar que el “crecimiento es la única evidencia de la vida”. A estas máximas le sucedió una pregunta: ¿Cuál era el contexto en que esa santidad tenía que ser adquirida y ese crecimiento experimentado? Para su momento la iglesia de Inglaterra, no sólo era la iglesia nacional, era la iglesia que representaba en él las primicias de la Escritura y el desenvolvimiento de su vida sacramental y litúrgica.


En ese momento (1833), gracias al desarrollo del estudio de los teólogos anglicanos del XVI y XVII. Newman leyó los Padres sistemáticamente. Dirá él posteriormente que fueron los Padres los que lo hicieron Católico. De los Padres y los teólogos anglicanos Newman adquiere un sentido de Iglesia como institución divina. Desde 1828 Newman junto a Edward Bouverie Pusey y otros teólogos consolidan “El Movimiento de Oxford” (Tractarian Movement). Este movimiento quería que la Iglesia de Inglaterra recuperara sus tradiciones más antiguas. Sus reflexiones se centraron de manera primordial en el episcopado histórico y la sucesión apostólica.


En 1834, durante una controversia con un sacerdote francés (Jean-Nicolás Jager) escribió Las Conferencias sobre el Oficio Profético de la Iglesia. En su discusión emprendió la defensa del anglicanismo como vía media entre el Romanismo, con sus adiciones a la fe Cristiana primitiva, y el Protestantismo popular, que descuida la tradición. Retomando los oficios de Cristo como profeta, sacerdote y rey; era la forma como Newman percibía la praxis eclesial. Para él era muy importante el oficio profético; él mismo contrasta la “tradición profética” con las “tradición episcopal”, en donde los teólogos (profetas) tienen que estar bien cimentados en la vida de culto de la Iglesia; así decir y desdecir siempre en un efecto positivo. El oficio sacerdotal para Newman puede ser distorsionado; desviarse en la superstición o caer en el formalismo árido, por eso era necesario enmarcarlo en la fe de la Iglesia. Con respecto al oficio real, él opinó que lo real e institucional se han sobrepasado en una tiranía autoritaria. Se ha ejercido el oficio sin las aclaraciones pertinentes de la verdad que fluye de la realeza divina.


¿Por qué Newman tomó la decisión de hacerse Católico Romano? Entre muchas razones (como la lectura de los Padres) es posible enunciar en principio dos, tal y como las presenta Geofrey Rowell. Por un lado está la publicación de los Tratados para nuestros Tiempos por parte del Movimiento de Oxford (sic), de donde viene el sobrenombre de tractarios. En el número 90 Newman intentó argumentar como los 39 artículos anglicanos podían tener una interpretación tridentina (puesto que los artículos son anteriores a Trento). De manera breve Newman afirmó que la identidad eclesiológica fundamental de la Iglesia de Inglaterra era más Católica que Protestante. “Newman llegó a la conclusión de que si la fe cristiana era en efecto no una construcción humana sino una revelación, pero una revelación engastada de las distorsiones y en el cambio y flujo de la historia, entonces, parar que tal revelación pudiera ser providencialmente preservada ‘humanamente hablando necesita un expositor infalible’”(Rowell, 2010, 38). Por supuesto aún en su libertad y rigurosidad teológica, para Newman era necesario distinguir los verdaderos desarrollos de la fe y las distorsiones.


“Todos los sistemas de pensamiento vivos y sustantivos depende de algún principio o doctrina intrínsecos, de los que son desarrollo. No son la agrupación causal de partes desde fuera, sino la expansión de un elemento espiritual desde dentro. Son indestructibles, considerados internamente, en la medida en que su principio informante continúa activo, pues es su vida. Mientras la vitalidad intrínseca permanece, reparan sus pérdidas; y si algunas proposiciones se cortan, surgen otras ramas frescas. La unidad exterior es resultado de la unidad interior; pero cuando dentro no hay nada real, lo que aparece lo que aparece fuera es tan poco real y sustantivo como el rostro de un hombre sobre el espejo” (Newman, 1990, 98).

1845 Newman toma la decisión de ser Católico Romano.



2. Conversión, Iglesia y Ecumenismo


La conversión de Newman al catolicismo romano asienta ciertos elementos fundamentales en la eclesiológica del siglo XX. Algunos autores como Ian Ker (2013, 155-167) dirán que el acontecimiento de 1845 brillará a la luz del Vaticano II, sobrepasando el ultramontanismo de Pio Nono, quien en su momento sospecho de la teología de Newman. Además permitiendo hoy los acuerdos que se darán en la Comisión Internacional Anglicana-Católica Romana que comenzó sus discusiones poco tiempo después del Vaticano II.


Para Newman el anglicanismo nuca había sido más que parcialmente católico, en sus propias palabras manifestó: “Si su ritual lo ha sido en cuanto a lo esencial (católico), sus Artículos descienden históricamente de Lutero y Calvino. Y su organización eclesiástica ha sido siempre, en su principio fundamental, erastiana (el erastianismo es una teoría política elaborada en el s. XVI, que subordina a la Iglesia al Estado incluso en Religión).” (Ker, 2013, 161). Newman era escéptico para que en su momento se dieran las reformas necesarias para la unión del cristianismo, puesto que la desunión era considerada por él, un triunfo para los enemigos de la cruz, y en su visión profética tuvo razón, esta esperanza de unión fue soterrada por la definición de infalibilidad papal promulgada por el papa Pío IX en 1870. Pero la figura de Newman sobrepasa las dificultades del momento hasta tal punto de iluminar un acontecimiento disociador como la infalibilidad, como lo veremos más adelante. La pregunta por la influencia de Newman en el Vaticanos segundo nos arroja los elementos necesarios para una reflexión eclesiológica.


La influencia de Newman en el CVII se debe en gran parte a los siguientes puntos. Por un lado, si en el anglicanismo no hay catolicidad; la eclesiología, que él se vio obligado a desarrollar, depende de un dispendioso trabajo de ressourcement. Para el teólogo londinense existía la necesidad de una teología equilibrada entre las Escrituras y la patrística de la Iglesia, la reflexión teológica tenía que partir de estas fuentes principales. Es decir, buscar los elementos esenciales de la primitiva catolicidad, y además, adherirse al depósito apostólico como fue definido en los Concilios generales de la Iglesia indivisa. Resulta interesante hacer constar, como después del Concilio Vaticano I, ya como Cardenal, Newman anunció que debía haber otro concilio que completara lo inacabado y desequilibrado del Vaticano I. En sus palabras: “como si la Iglesia avanzara hacia la verdad perfecta por medio de declaraciones sucesivas, alternando direcciones contrarias que se perfeccionan, se completan, se compensan unas a otras” (Ker, 2013, 159). Ello encontrará cumplimiento en la constitución dogmática Lumen Gentium, una eclesiología escriturística y patrística en el propósito de “aggiornamento”.


En segundo lugar, Newman vislumbró la necesidad de un compromiso de la Iglesia con el moderno mundo secular. Para un mundo dividido en las luchas del siglo XIX, el humo de guerras mundiales era distinguible, la unidad de los cristianos como católicos podía ser el signo de la presencia del Reino de Dios. Si la tarea es Ressourcement, regresar a las fuentes surge como un deseo de restaurar la unidad de los cristianos. Esto exigía una comprensión amplia de la historia. Analizar los hechos que generaron una religión sin autoridad Bíblica, o sin la autoridad del magisterio; puesto que, sin estos elementos sólo tendríamos una forma de “liberalismo” por más liturgia o culto exterior que se diera. La Iglesia de Inglaterra estaría llamada a ser más católica, y la Católica Romana más “Cristiana”. Una religión sin Biblia y Magisterio simplemente es enemiga de la verdad. La unión de los cristianos, plateada por el Cardenal inglés, es en torno a la verdad, y sólo allí adquiere un significado ecuménico. En el espíritu de Newman dice Ian Ker (2013,165), “la reunión de los cristianos tiene que ser la convergencia, en la plenitud de la unidad católica, de lo que es positivo y valido en la diferentes tradiciones cristianas”. En la misma linea, la infalibilidad papal que resultaba en su momento un punto de división (sic), resulta para Newman un elemento que tenía que ser definido en un contexto eclesial más amplio, un paso que se dará hasta el Vaticano II.


Un último aspecto, y con este se concluye abarcando los ya enunciados, es lo que Enrique Santayana (2010) llama el “Núcleo Moral”. Según este autor, Newman consideró que la madurez no es una simple adición a sus conocimientos, sino ella está en la trayectoria, el movimiento, el caminar en el núcleo moral a cuyo alrededor gravita lo que sabemos y lo que se vaya agregando. La sabiduría no depende de la suma de conocimientos, ni de la capacidad de la inteligencia. En consecuencia, el núcleo definitivo de la construcción de una persona no es la certeza intelectual, sino un acto moral. El centro moral como núcleo del conocimiento radica en que la verdad no se entrega a quien no se entrega a ella. Newman, como lo señala Santayana, critica cierta forma “indolente”, de acercarse a la verdad de Dios; el acercamiento a Dios no puede ser un mero discurrir sobre ideas, sino que implica la seriedad moral y la disposición interior de doblegarse a la verdad revelada.


Sólo hay un tipo de percepción, señaló Newman en su libro el Asentamiento Religioso, capaz de una influencia operativa sobre el individuo: la “aprensión real”; esto es, la aceptación inteligente de una idea, acompañada de una experiencia o información acerca de algo concreto. Allí el hombre no responde en actos automáticos, sino en actos libres. En este asentamiento la mente se dirige hacia las cosas reales y posee un carácter práctico, mueve a la acción, a diferencia del asentamiento nocional que se dirige hacia nociones. Newman establece una pugna entre una metafísica platónica y una fenomenología cristiana. Este asentamiento real es el asentamiento dado a Dios, el asentamiento de la fe. Éste tiene por objeto a Dios cuando llama en la conciencia (fe natural), y al mismo Dios cuando se revela (“fe sobrenatural”) o a la palabra de la Iglesia, como mensajera de dicha revelación. Así pues, Newman piensa en la fe como una realidad Divina y Humana, don de Dios y acto de la persona. Una fe integral, en donde es imposible dudar, que los afectos y las emociones implican al hombre mismo, en toda su racionalidad, espiritualidad, en lo que es él en cuanto existe.


El reconocimiento de un sujeto distinto del yo, moviliza nuestros afectos. Si lo reconocemos, nos sentimos responsables con él; “no podemos dudar que tenemos dentro de nosotros la imagen de una persona a la cual se dirige nuestra veneración, cuya sonrisa encontramos nuestra felicidad, por la cual suspiramos y hacia la cual dirigimos nuestras súplicas cuya ira nos turba y consume” (Newman, 1960). El creyente en una relación amorosa no está sujeto a la nada, él está ante Dios. Newman no entiende un diálogo ecuménico con los no católicos sino en el ámbito de la búsqueda personal de la Verdad, y esa búsqueda sólo la da aquel que escucha su conciencia y permite que ella se confronte a la revelación de Dios en Jesucristo, y de Jesucristo en su Iglesia; la misión propia del hombre es la disposición libre de sacrificar su propia verdad por escuchar la conciencia (que escucha a lo que la trasciende; Jesucristo revelado, Escritura y Magisterio, en la Iglesia) y así conoce la Verdad. “El centro moral es una respuesta a Dios que despierta y modela nuestra conciencia con el eco de su voz y que es el principio del ser y de la existencia de todo. Es un principio intrínseco que cierra un círculo entre el mundo subjetivo y Dios: ni es extraño Dios, ni se confunde con la subjetividad” (Santayana, 2010, 49).



Bibliografía


Bujalance, F-Q. J. (2011). Newman, teólogo de la historia. Cuadernos Doctorales, Universidad de Navarra. Vol 57. Pág. 435-533.


Ker, I. (2013), Sentido e importancia de la conversión de Newman. Cuadernos monásticos. Vol 185. Pág. 155-167.


Newman, J. H. (1960), Essay in aid of a grammar of assent (1870). Se usa la versión en español: El Asentimiento Religioso. Ensayo sobre los motivos racionales de la fe. Barcelona: Herder.


Rowell, G. (2010) John Henry Newman: la Pasión de un convertido. Pastoral Ecuménica. Vol 81. Pág. 33-39.


Santayana, L. E. (2010). El “Principio Ecuménico” del cardenal Newman”. Pastoral Ecuménica. Vol 81. Pág. 41-72.


 
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