Eclesiología en San Alberto Magno

INTRODUCCIÓN
En el presente trabajo ostentare como asumir las cuestiones de la razón en la iglesia, la iglesia en búsqueda de la verdad y ante lo incomprensible la Iglesia se une en la oración bajo una luz, a partir de los documentos de investigación, si bien se sabe que Alberto no dejo un escrito definido de eclesiología, por lo cual hay que hacer una investigación minuciosa para hallar la eclesiología en él. Por ello me centrare en los tres puntos expuesto anteriormente en la parte de arriba.
Nació hacia 1193 en Alemania, aún muy joven se dirigió a Italia, a Padua, a una se las universidades más famosas de la Edad Media. Se dedicó a estudiar las llamadas artes liberales: gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría, astronomía y música, es decir cultura general y mostro gran interés por las ciencias naturales que sería más tarde su campo predilecto de su especialización. Con los sermones del beato Jordán de Sajonia de la orden de los predicadores, fueron los factores decisivos que lo ayudaron a superar toda duda, venciendo resistencias familiares. La oración personal alimentada con la palabra del Señor, la participación frecuente en los sacramentos y la dirección espiritual de hombres iluminados son los medios de descubrir y seguir la voz de Dios.
Sus brillantes cualidades intelectuales le permitieron perfeccionar el estudio de la teología en la universidad más célebre de la época, la de París. En 1248 se le confió el encargo de abrir un estudio de teología en Colonia donde paso varios años de su vida. De París llevó un consigo a Colonia a un alumno excepcional, Tomas de Aquino. Por sus dotes no escaparon a la atención del Papa Alejandro IV que quiso que Alberto estuviera a su lado durante un tiempo en Anagni donde los papas iban con frecuencia, para servirse de su asesoramiento teológico. El mismo Sumo Pontífice lo nombro obispo de Ratisbona, una diócesis grande y famosa, pero que pasaba por un momento difícil. De 1260 a 1262 Alberto desempeño ese ministerio con infatigable dedicación y logró traer la paz y concordia a la ciudad, reorganizar parroquias y conventos y dar un nuevo impulso a las actividades caritativas. Murió en la celda del convento de la Santa Cruz en Colonia en 1280, y muy pronto fue venerado por sus hermanos dominicos. La iglesia lo propuso al culto de los fieles beatificándolo en 1622, y canonizándolo en 1931, cuando el papa Pio XI lo proclamó doctor de la iglesia.
El siglo en el que vivió Alberto Magno se caracterizó por una profunda crisis en la compresión de la fe. Esta crisis se dio porque desde algunas visiones los misterios de la fe escapaban a la comprensión racional. La cuestión de relacionar fe y conocimiento racional impulsó el interés de los hombres de la Edad Media para buscar cierta armonía entre fe-razón (Cf. Ramírez, p 95).
La crisis se intensificó porque desde las tendencias filosóficas se empieza a ofrecer una explicación del mundo, donde los distintos elementos estaban coherentemente relacionados y lógicamente fundamentados en las más profundas raíces ontológicas, sin duda alguna por la reaparición de Aristóteles gracias sus traducciones en occidente. Es una época que está enmarcada por los descubrimientos. La naturaleza se ve afectada por las investigaciones que hacen con gran amor, lo cual se va a convertir las flores y las hojas naturales en imágenes que sirvieron para ofrecer como adornos y de los vitrales de las iglesias y catedrales para enseñar a los individuos sobre la naturaleza y su importancia. (Cf. Ramírez, p 96).
Asumir las cuestiones de la razón en la Iglesia.
Si bien, la filosofía de Aristóteles fue trasmitida en occidente por las traducciones y de los interpretes árabes, antes de haber sido traducidas directamente del griego. Estas traducciones que realizaron los árabes de Aristóteles las hicieron en medio de un contexto de pensamiento que era extraño al pensamiento cristiano. Quien deseaba conocer Aristóteles en su autenticidad, debía experimentar con mayor razón el abismo entre la fe y el conocimiento racional. Desarraigar este abismo se veía imposible, el Dios de la Biblia no pareciera ser el mismo del filósofo antiguo, un motor inmóvil. Para Aristóteles y quienes trataban de interpretarlo auténticamente, no podía existir una creación en el tiempo, sino que el mundo conservaba un carácter eterno (Cf. Ramírez, p 96).
Durante esta época en la que vivió San Alberto Magno, se vivía en un mundo racionalista, esa era la mayor creencia que se tenía en ese momento todo giraba en torno a la razón, mientras que la fe se había descuidado por partes de los individuos, lo mismo que la parte espiritual. Se genera una división entre estas dos tendencias doctrinales la razón y la fe cuál de ellas lleva a la verdad. Es de advertir que el magisterio y los papas prohibían en las universidades de París, el impedimento del estudio y la interpretación de la obra de Aristóteles, a lo que alude Alberto diciendo “convencido de que las cuestiones y los problemas una vez presentados, no podían ser erradicados del mundo, ni se podía cerrar los ojos ante ello” (Ramírez, 1980, p 96). San Alberto alude “entre ciencia y fe existe amistad y que los hombres de ciencia pueden recorrer un auténtico y fascinante camino de santidad mediante su vocación” “todo lo que es realmente racional es compatible con la fe revelada en las Sagradas Escrituras”
La Iglesia búsqueda de la verdad
No era fácil callar para Alberto Magno ante aquella situación que se presentaba, la solución no era el silencio, ni tampoco afirmar una doble verdad, una de fe y otra de razón; la solución que propone es buscar una interpretación cristiana de Aristóteles. Ve que es justificada esta posición en razón de la única fuente del conocimiento de la verdad, que es Dios mismo. Afirma Alberto “al descubrimiento de la auténtica vocación del hombre, sediento de verdad y felicidad: es sobre todo la teología, la que indica al hombre su llamada a la alegría eterna, una alegría que brota de la adhesión plena a la verdad” Es Dios quien da al hombre las fuerzas de razón, como también las de la fe, a lo que se alude “por tanto fe y razón no pueden ser puestas en contradicción, si bien es cierto que las afirmaciones de fe trascienden lo que lo que se puede alcanzar por la razón” (Ramírez, 1980, p 97).
El conocimiento de la fe le permite al de la razón agotar todas sus posibilidades propias. Lo referente con la eternidad del mundo, Albero Magno hace una distención entre el plan eterno de Dios y el mundo creado en el tiempo. Dios es quien posee un ser necesario. Por ello el ser del mundo no les es propio, ni necesario, por lo cual no puede ser eterno, como si lo es Dios. Alude Alberto Magno “hay armonía entre el conocimiento de fe y el de razón” (Ramírez, 1980, p 97). Con la interpretación que hizo Alberto Magno a la obra de Aristóteles logro superar la grave crisis de la fe y la espiritual de su tiempo.
Ante lo incomprensible la Iglesia se une en la oración bajo una luz
El haber dado ese paso para llevar a la armonía a la fe y a la razón lo logro por su gran piedad en la que se apoyaba. También él recalca la necesidad de la oración para estar en comunión con Dios y con la iglesia, señala que la oración es como instrumento que sirve de ascenso del Espíritu hacia Dios. Aunque reconoce las limitaciones de nuestra capacidad de comprensión y no son constituías en medida de todo juicio. Es así, que Alberto Magno empieza una cristianización para hacer discípulos de Jesús.
Con respecto a las verdades divinas que superan la capacidad del intelecto humano, que son objetos de una nueva luz noética de orden superior. Por eso la temática de la luz que menciona es para explicar las formas y grados de conocimiento, según Alberto instaura que para conocer los misterios revelados, se necesita de una luz sobrenatural (fe) la cual eleva el intelecto humano a aquello que lo excede (Cf. Sicouly, p. 26).
Para Alberto la revelación de Dios Trino como fuente de la verdad, del bien y del ser ha hecho posibles la mediación del saber teorético y práctico que trasciende la división aristotélica, en cuanto posee como objeto un género de verdad que realiza inseparable y plenamente las rationes de verum de bonum (Cf. Sicouly, p. 27). Él ve que no es una superación del conocimiento de fe, sino que apunta a un carácter integral y escatológico, donde ve ordenada la unión con Dios de todo el hombre, como meta escatológica y aún ya in via como comienzo de la visión bienaventurada.
Conclusiones
Es así, que Alberto con su riqueza de su pensamiento, expresión particularmente bella de su ideal en busca de la verdad a través de la valoración e integración de las diversas formas del saber, orientando siempre hacia la unión con Dios, la santidad, la comunión, la reconducción de toda la creación hacia Dios. Todo tiene que girar en torno a Dios, él es el centro de todo, nada ni nadie puede estar fuera de Dios.
De esta forma, Alberto en su eclesiología busca que el ser humano este en constante unión con Dios fuente de todo conocimiento por medio de la oración, que este en busca de la santidad, que se traduce en búsqueda de la verdad, por medio de la comunión con la trinidad y que reconozca en la creación la presencia constantemente a Dios en todo lo creado.
BIBLIOGRAFÍA:
Sicouly, Pablo. (2002) Filosofía y Teología en san Alberto Magno. Studium, Vol. (9), pp. 23-37
Ramírez, Alberto. (1981). Con ocasión del séptimo centenario de la muerte de Alberto Magno. Cuestiones Teológicas Medellín. Vol. (8), pp. 94-98
Benedicto XVI. (2011). Maestros y Místicas Medievales. Madrid. Edit. Ciudad nueva