El Evangelio de Mateo: Un Evangelio eclesial.

Es una gran característica la referencia explícita a la «Iglesia» que hace el evangelista Mateo, y la comunidad de los creyentes en Jesús, que, recogida en torno a su Señor, cumple siguiendo su ejemplo la voluntad de Dios Padre.
Mateo nos presenta un evangelio antiguo, ligado al evangelista Marcos y destinado a una comunidad cristiana de origen judío. Este evangelio fue redactado al menos en dos ediciones sucesivas: la primera en lengua aramea, y la segunda, más desarrollada, en lengua griega.
En efecto, el texto evangélico sitúa, entre la profesión de fe de Pedro y el retorno final del Señor, la vida de la comunidad cristiana que podría demarcarse como vida de iglesia, que, influenciada por la confrontación con la sinagoga, con el problema de la autoridad de la ley y con las diferentes modalidades judaizantes de contestación de la fuerza del anuncio cristiano, había cedido el paso a una crisis de fe y padecía una profunda inseguridad en torno a los grandes temas de la predicación apostólica, conocidos desde el comienzo del camino de conversión.
Lo que concierne a lo Eclesiológico en San Mateo.
Mateo es el único de los cuatro evangelistas que usa la palabra «Iglesia», y esto saca a la luz su elevada eclesiología. Por eso podemos llamar a Mateo, con toda justicia, el evangelista de la comunidad cristiana (16,18; 18,17), y a su escrito lo podemos llamar «evangelio eclesial ». Muchos de los textos que presenta el apóstol son eclesiales no sólo porque van dirigidos a los miembros de una comunidad judeocristiana diseminada por la tierra de Palestina, sino sobre todo porque intentan responder a las exigencias concretas de la comunidad, vivía a finales del siglo I en conflicto con el judaísmo ortodoxo, anclado en la rígida ley de los escribas y los fariseos.
La concepción eclesiológica de Mateo se concentra en torno a la persona de Cristo, como afirma justamente el evangelista cuando refiere las palabras del Señor: «Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (18,20), y se hace visible en la persona del apóstol Pedro, cabeza de la comunidad eclesial (16,17-19). Con su confesión de fe: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo» (16,16), Pedro se convierte en la «roca» sobre la que se va a construir la comunidad de los discípulos, cuya vocación consiste en instruir a todas las gentes, siguiendo el mandato del Señor (28,19).
La idea de Iglesia que Mateo se preocupa por presentar en su evangelio es la convocación de los discípulos del Señor, que el mismo Jesús reúne en torno a sí y a los que forma personalmente en una «justicia» que supera la ley mosaica y se caracteriza por la vida fraterna y por el amor a Dios y a los hermanos. Con todo, es la iniciativa de Dios Padre la que figura en el origen de la convocación de los discípulos, y a través de la persona de Jesús los elige para el Reino de los Cielos por ser «pobres en el espíritu» y «pequeños» (18,3).
Tras el retorno de Jesús al Padre, el evangelista impulsa a esta comunidad para que, a su vez, reviva la historia del profeta de Nazaret formando una fraternidad que escucha y realiza la voluntad de Dios, en continuidad con las Escrituras antiguas y actualizando las palabras y las acciones realizadas por Jesús. A través de esa comunidad, comprometida a vivir en un clima de relaciones fraternas y de amor misericordioso, es como Cristo resucitado continúa estando presente y actuando para la salvación de los hombres. Esta relación de pertenencia personal al Señor y la práctica de la «justicia» califican la concepción de Iglesia y la convierten en misionera con el alegre anuncio de la venida del Reino y de la experiencia concreta y gozosa del espíritu de las bienaventuranzas.
Ahora bien, la enseñanza pastoral de la teología espiritual de Mateo, que brota de su cristología y su eclesiología, es la de una experiencia personal con Cristo, que interpela la existencia del cristiano, y la de una vida fraterna vivida en la comunidad cristiana, donde se hace visible un amor a todos los hombres, especialmente a los «pequeños», los pobres y los necesitados de perdón.
¿Por qué hemos de considerar eclesial el evangelio de Mateo?
El tema que vamos a ver es central en el Evangelio de Mateo, el cual siempre se ha considerado eclesial por tres razones:
En primer lugar, por su carácter doctrinal. Como bien saben, este evangelio tiene grandes discursos o síntesis doctrinales, lo que le hace especialmente adecuado para la catequesis, la enseñanza, la literatura… Ha sido el evangelio más considerado en la Iglesia y también el más comentado por los PP. de la Iglesia.
En segundo lugar, porque es el único evangelio que utiliza la palabra Iglesia en griego ekklesía, y lo hace en dos sentidos: En 16,18, referida a la Iglesia universal: -Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…, y, en el capítulo 18, referida a la Iglesia local, o asamblea particular: -Si tu hermano te ofende házselo ver a solas; si no te hace caso… ante dos testigos y si no les hace caso… díselo a la comunidad.
En tercer lugar, porque es “eclesialmente transparente”; es decir, al leer el evangelio de Mateo se percibe claramente la vida de una comunidad, sus problemas, sus preocupaciones…
Y fuera de esto se puede concebir que entre dos afirmaciones cristológicas, hay un mandato eclesiológico. En el centro del texto, el Resucitado dice: Id y haced discípulos de todas las gentes y el evangelista Mateo sólo habla de los apóstoles en el capítulo 10, versículo 2, cuando da los nombres de los doce. El concepto clave de su eclesiología es el de discípulo; ser cristiano es ser discípulo de Jesús.
La Iglesia concebida de Mateo tiene dos características
En primer lugar tiene que ser una fraternidad. Y se sitúa al final del Evangelio de Mateo, en el capítulo 28, en el momento en que las mujeres reciben el mensaje pascual en la tumba y vuelven a todo correr para anunciárselo a sus discípulos. En el camino Jesús les sale al encuentro y ellas acercándose se asieron a sus pies y lo adoraron. Jesús les dice: No temáis, id y avisad a mis hermanos que vayan a Galilea, que allí me verán. (28,9-10) Los discípulos aparecen así como hermanos de Jesús y como hermanos entre ellos.
La segunda característica que define idealmente a la Iglesia de Jesús, según Mateo es ser continuadora de la misión de su maestro. Donde en Mateo 9,36, afirma: Al ver a la muchedumbre Jesús sintió compasión de ella porque estaban vejados y abatidos como ovejas sin pastor. Jesús, ante la situación del pueblo siente compasión y en medio de descubrir el sufrimiento, la necesidad de la gente, del pueblo… es lo que lleva a Jesús a enviar a los discípulos a enseñar, a curar…
En el capítulo 22,1-14 hay otro texto que es interesante a este respecto: la parábola del rey que invita a las bodas de su hijo y manda a sus siervos para llamar a los invitados, que no quieren acudir. Les vuelve a enviar y de nuevo rehúsan la invitación, cuando el rey dice a sus siervos: Id a las encrucijadas de los caminos y haced entrar en el festín del banquete a todo el que pase, buenos y malos… invitad a todos hasta que se llene. Mateo nos da una pista de que la Iglesia es la comunidad de los hermanos; a la que todos están llamados, pero no todos son elegidos y habrá que estar vestidos adecuadamente, “con el vestido de bodas”, es decir, tener buenas obras, haber vivido de una forma coherente y es por esto que puede ratificarse que la Iglesia no es la comunidad de los puros, de los elegidos, sino la comunidad de los que están llamados pero que viven bajo una instancia crítica, el juicio.
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Giorgio Zevini
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